El Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER) Áncash reportó que, al 18 de junio, las heladas han dejado 95 hectáreas (ha) de cultivo perdidas en distintas localidades de la región durante este año. La cifra confirma una tendencia que se repite cada temporada: las heladas golpean cada vez con mayor frecuencia los cultivos de altura y afectan directamente la economía de las familias que dependen de ellos (CENEPRED, 2024).
Una parte importante de esa cifra corresponde a lo ocurrido el 14 y 15 de junio en Yungay y Carhuaz. En menos de 48 horas, las bajas temperaturas dañaron 53.5 ha de maíz y chocho: 49.5 ha en el centro poblado de Caya (Yungay), donde se afectó a 147 personas, y cuatro hectáreas en Toma, distrito de Tinco (Carhuaz), donde resultaron afectados ocho agricultores.
Según el Senamhi (2021) y el IPCC (2022), las lluvias irregulares y los descensos térmicos extremos son señales de un clima cada vez más variable, que pone en riesgo la producción de alimentos y la disponibilidad de agua para las comunidades que dependen de la agricultura.
El riesgo es mayor porque las heladas afectan cultivos base de la alimentación, como el maíz y el chocho. Ante este escenario, el COER Áncash recomienda proteger los cultivos mediante cobertizos o mantas térmicas, mantener operativos los sistemas de riego y seguir los avisos meteorológicos emitidos por las autoridades competentes.
El proyecto Cuencas Vivas es implementado por Profonanpe, con financiamiento del Fondo de Adaptación, y liderado por el Instituto de Montaña en la cuenca del Santa, en la región Áncash. Su objetivo es fortalecer la resiliencia de comunidades y ecosistemas frente al cambio climático, contribuyendo a las metas nacionales de adaptación