En la Comunidad Nativa de Betania, en Satipo, Mechi Tomás Maguiño (38 años) teje, cultiva y administra su propio negocio. De la combinación de estas tres actividades obtiene sus ingresos. Además de dirigir su emprendimiento “Manos Forjadoras a la Moda”, preside una asociación de 11 mujeres artesanas que buscan fortalecer su producción y acceder a mejores oportunidades comerciales.
Su camino, sin embargo, no comenzó en el telar. Egresada como técnica agropecuaria del Instituto Asháninka de Puerto Ocopa, al igual que su esposo, ejercía una profesión que exigía constantes desplazamientos y largas jornadas de campo. Pasaba varios días fuera de casa y, con el tiempo, sus hijos empezaron a pedirle que estuviera más presente. A ella también le inquietaba que esas ausencias debilitarán el vínculo con ellos.
Por eso decidió buscar una alternativa que le permitiera quedarse en su comunidad sin renunciar a su independencia económica. Empezó a ahorrar parte de su sueldo para comprar insumos y establecerse definitivamente en Betania. Allí abrió una pequeña bodega y, en paralelo, encontró en la artesanía textil una forma de generar ingresos y fortalecer su identidad cultural.
La memoria del telar: tradición e innovación artesanal
Su relación con los tejidos se remonta a la infancia, cuando observaba a su madre fijar estacas en el suelo para entramar hilos de algodón. Para elaborar su primera prenda, destejió una chompa vieja de lana verde y roja y reutilizó los hilos en un pequeño telar. Aquel trabajo le fue sustraído antes de que pudiera terminarlo, pero la experiencia despertó un interés por la artesanía que la acompañaría años después.
Hoy elabora la kushma, vestimenta tradicional para hombres y mujeres, y los zaratos, bolsos propios de la zona. También crea piezas de bisutería con semillas de huayruro, dientes de majáz y plumas de aves nativas como el paukil y el loro.
A estas técnicas heredadas suma el teñido ecológico: utiliza achiote para lograr tonalidades cálidas y hojas de choritoito combinadas con alumbre para obtener otros pigmentos. Así, sus conocimientos tradicionales se encuentran con nuevas posibilidades de diseño.
Liderazgo comunitario y la marca ‘Manos Forjadoras’
Lo que comenzó como una alternativa para generar ingresos también se convirtió en una oportunidad para impulsar el trabajo de otras mujeres. En 2024 alcanzó dos hitos: se inscribió en el Registro Nacional del Artesano (RNA) y lanzó su marca personal, “Manos Forjadoras a la Moda”. Ese mismo año asumió la presidencia de la Asociación de Artesanas de Betania, desde donde coordina el trabajo de sus 11 integrantes, con un periodo de gestión que se extiende hasta 2027.

Como presidenta, promueve la compra colectiva de hilos industriales de algodón, una medida que reduce los tiempos de elaboración y evita el desabastecimiento de materiales en la comunidad. También busca fortalecer las capacidades comerciales de sus compañeras y las anima a negociar precios que reconozcan el valor de su trabajo.
Ese último es clave frente al “barateo”, uno de los principales desafíos del sector: algunos intermediarios intentan bajar a 35 o 40 soles el precio de prendas que las artesanas ofrecen a 50. Por eso, Mechi considera indispensable que las productoras cuenten con más herramientas para comercializar directamente y defender el valor económico de sus creaciones.
Su capacidad de organización también se refleja en los pedidos que atiende. En una ocasión, recibió el encargo de elaborar 30 zaratos para el mercado de Satipo, un desafío que asumió con el apoyo de su tía y otras mujeres de su entorno. Para cumplir con la entrega en un mes, coordinaron el trabajo de elaboración y aprovecharon incluso las noches para avanzar con la producción. Cuando se interrumpía el servicio eléctrico de la comunidad, continuaban trabajando con la luz de un panel solar.
Diversificación económica: entre el hogar, la chacra y el telar
Aunque los tejidos ocupan un lugar importante en su vida, no constituyen su única fuente de ingresos. Su jornada comienza entre las cinco y las seis de la mañana. Después de preparar el desayuno para sus hijos y organizar las labores domésticas, abre la bodega. Mientras atiende a los clientes, aprovecha los momentos libres para avanzar con sus prendas y accesorios artesanales.
A ello se suma el trabajo agrícola. Junto a su esposo cultiva cacao, plátano y yuca en su chacra. En épocas de cosecha de cacao, además, genera ingresos para otras mujeres de su entorno: contrata a sus tías, hermanas y vecinas que lo necesitan y les paga un jornal por la recolección del fruto, que luego comercializa en el mercado de Atalaya.
Esta combinación de actividades le ha permitido diversificar sus fuentes de ingreso y poner en práctica sus conocimientos técnicos, agrícolas y artesanales. Al mismo tiempo, le ha dado una dinámica laboral que la mantiene cerca de sus hijos, el motivo que la llevó a emprender desde Betania.

De Betania al mundo: una visión para la artesanía ashaninka
Después de consolidar sus actividades en la comunidad, sus próximos objetivos apuntan a ampliar el alcance de su emprendimiento. Uno de ellos es fortalecer la identidad comercial de sus productos. Siguiendo recomendaciones recientes, proyecta incorporar etiquetas con su marca en lugar de los adhesivos que usa ahora, para que cada kushma, zarato o accesorio pueda identificarse por su origen y por el trabajo artesanal que representa.

También ve en las herramientas digitales una oportunidad para llegar a nuevos públicos. Su propio hijo la anima entre bromas: “Mamá, créate tu TikTok”. Ella quiere capacitarse en redes sociales para mostrar sus procesos de teñido botánico, difundir sus creaciones y venderlas directamente.
Ya ha tenido algunas experiencias que le permiten imaginar ese crecimiento. Recuerda con satisfacción haberse encontrado con visitantes que usaban sus productos y haber visto a una senadora luciendo uno de sus zaratos durante actividades en la sierra peruana.
Sus aspiraciones, sin embargo, van más allá de su propio negocio. Como dirigente, conoce las dificultades que enfrentan las integrantes de su asociación para sostener y ampliar sus ventas. A diferencia del cacao, que cuenta con un circuito de comercialización establecido en Atalaya, la artesanía indígena no dispone de mercados permanentes ni de condiciones comerciales que garanticen una valoración adecuada del trabajo de las productoras. A ello se suman los costos de transporte, las dificultades para acceder a materiales y la dependencia de intermediarios.
Pese a estas barreras, su visión es ambiciosa: establecer canales de exportación directa y posicionar la artesanía ashaninka en circuitos internacionales de diseño. Le gustaría que las prendas de “Manos Forjadoras a la Moda” desfilaran algún día en una pasarela internacional y, sobre todo, que el trabajo de las artesanas de su comunidad alcance el reconocimiento que merece por su valor cultural, creativo y económico.

Fortalecer la artesanía indígena y sus oportunidades comerciales
Las dificultades que identifica como emprendedora y dirigente no son exclusivas de Betania. Muchas mujeres artesanas de Satipo enfrentan altos costos de transporte, dificultades de acceso al financiamiento y limitaciones para comercializar sus productos de manera sostenida, factores que restringen el crecimiento de sus emprendimientos.
Para contribuir a reducir estas brechas, el proyecto Bosques Amazónicos ASL2 impulsa el fortalecimiento de la cadena de valor de la artesanía indígena mediante capacitaciones, entrega de materiales y participación en ferias y espacios comerciales. Estas acciones están orientadas a mejorar las capacidades productivas y de gestión, fortalecer los emprendimientos y facilitar el acceso a nuevos mercados.
Esta intervención forma parte de una apuesta más amplia: contribuir a la conservación de los bosques amazónicos y al bienestar de las comunidades mediante actividades económicas sostenibles. En la cadena de valor de la artesanía, ello implica promover condiciones para que las mujeres indígenas amplíen sus oportunidades de generar ingresos, al mismo tiempo que preservan y transmiten conocimientos vinculados a la biodiversidad y la identidad cultural de sus pueblos.
La trayectoria de Mechi demuestra que la autonomía económica puede construirse a partir de distintas actividades, decisiones y formas de organización. Desde Betania, continúa trabajando para fortalecer su emprendimiento y abrir caminos comerciales que también beneficien a las demás artesanas de su comunidad.
El Proyecto Bosques Amazónicos ASL2 es liderado por el Ministerio del Ambiente, financiado por el Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF), implementado por la FAO, el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y la ONUDI, y ejecutado por Profonanpe.