La pérdida de insectos polinizadores no solo representa una amenaza para la biodiversidad. También pone en riesgo la producción de alimentos, los ingresos de las comunidades y la sostenibilidad de los sistemas productivos. Frente a este desafío, especialistas de América Latina y el Caribe identificaron oportunidades para fortalecer las políticas públicas, la investigación, el financiamiento y los mercados vinculados a su conservación.
Estas fueron algunas de las principales líneas de discusión del Seminario Internacional sobre Gobernanza y Mecanismos de Financiamiento para la Conservación de los Servicios de Polinización, realizado el 19 y 20 de agosto en Brasil, en el marco del proyecto regional Poli-LAC.
Más de 80 especialistas y representantes de gobiernos, organismos internacionales, instituciones financieras, sector privado, academia, organizaciones de productores, pueblos indígenas y comunidades tradicionales participaron en el intercambio, que buscó conectar la conservación de los polinizadores con las decisiones sobre biodiversidad y desarrollo.
Más evidencia y financiamiento para proteger a los polinizadores
Uno de los principales desafíos identificados fue fortalecer la información científica disponible para orientar las decisiones de política pública. Lukas Hach, asesor técnico para Asuntos Internacionales de Diversidad Biológica del Ministerio Federal de Medio Ambiente, Acción Climática, Protección de la Naturaleza y Seguridad Nuclear (BMUKN) de Alemania, presentó la experiencia de su país tras un estudio de 30 años que evidenció una reducción de alrededor del 80 % de la biomasa de insectos. El caso impulsó nuevas políticas, legislación y mayores recursos para investigación y conservación.
Desde el contexto peruano, Mirbel Epiquién, director general de Diversidad Biológica del Ministerio del Ambiente (MINAM), señaló que el 80 % de la producción de café depende de la polinización y advirtió que la pérdida de hábitat constituye una de las principales amenazas para este servicio ecosistémico. En ese sentido, explicó que la deforestación asociada a la expansión del cultivo puede generar un círculo vicioso, al afectar precisamente los ecosistemas que sostienen a los polinizadores. También resaltó la importancia de contar con datos que permitan conocer mejor estos procesos, orientar las acciones de conservación y generar evidencia para movilizar financiamiento.
La experiencia de Ysabel Calderón, fundadora de Sumak Kawsay, ejemplifica cómo estos desafíos se traducen en oportunidades concretas en los territorios. Tras recibir el Premio Midori de Biodiversidad, destinó parte de los recursos a crear Guardianas de Abejas Nativas, proyecto que trabaja con alrededor de 60 mujeres mediante la protección de abejas nativas, generación de conocimiento y meliponicultura en el norte del Perú.
“Sin ciencia, la restauración será hecha a ciegas”, señaló Calderón, quien también identificó el acceso a tierra, capital, conocimiento y mercados como algunas de las principales barreras para que las mujeres puedan beneficiarse del valor económico de la polinización.

Construcción participativa de propuestas para fortalecer la conservación de los insectos polinizadores en la región.
Foto: © GIZ / Zuleika de Souza
Conservación con oportunidades para los territorios
La inclusión de comunidades tradicionales, mujeres, jóvenes y pueblos originarios fue otro de los ejes del encuentro. El panel, moderado por Ignacio Piqueras, coordinador del proyecto Poli-LAC, por parte de Profonanpe, abordó la importancia de integrar conocimientos científicos y tradicionales y generar mejores condiciones para que estas poblaciones participen en modelos de conservación que también generen ingresos.
Edith Bastidas, exviceministra de Políticas y Normalización Ambiental del Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de Colombia y miembro de la Red de Mujeres Indígenas sobre Biodiversidad de América Latina y el Caribe, destacó la importancia de reconocer el papel de los pueblos indígenas, mujeres, jóvenes y otros grupos que históricamente han sido poco considerados en las políticas y normas ambientales. Señaló que sus perspectivas y conocimientos deben ser reconocidos como parte de las soluciones para la conservación. Asimismo, advirtió que mantener los actuales modelos extractivos de producción dificulta la protección de los polinizadores y planteó la necesidad de establecer límites claros para proteger tanto a los polinizadores como a los territorios indígenas.

Panel “Inclusión de comunidades tradicionales, mujeres, jóvenes y pueblos indígenas en modelos de conservación de la polinización que generen ingresos”
Foto: © GIZ / Zuleika de Souza
Como parte del evento, se desarrolló el Llamado a la Acción para la Protección de los Polinizadores en América Latina y el Caribe, una reflexión conjunta de los países participantes para dar visibilidad política a esta problemática, posicionarla y fortalecerla en las agendas públicas, así como establecer una referencia para la incidencia, de modo que sus contenidos sean considerados en futuras negociaciones y foros regionales e internacionales, como el evento paralelo de la COP17 y la Conferencia de la FAO sobre la Plataforma Mundial de Polinizadores, que se desarrollarán durante este año.
Sobre Poli-LAC en Perú
En Perú, el proyecto regional “Protección de insectos polinizadores en América Latina y el Caribe (Poli-LAC)” es liderado por el Ministerio del Ambiente, en alianza con el Grupo Técnico de Polinizadores, el Ministerio de Desarrollo Agrario y Riego y Profonanpe, con el apoyo de la cooperación alemana para el desarrollo, implementada por la GIZ, por encargo de la Iniciativa Internacional del Clima (IKI) del Gobierno Federal de Alemania.